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RETRATO MUDO
DE UN SILENCIO 

Te sientas frente al ordenador y empiezas a revisar tus listas de reproducción, visualizas la atmósfera que quieres brindar esta noche en el club. En el proceso vas ojeando los tracks en tu playlist y recuerdas qué te ha transmitido cada uno de ellos y si va de acuerdo con la narrativa que quieres generar. Algunos de ellos los descubriste por primera vez como raver en alguna fiesta y te tocaron particularmente, otros emergieron de tu propia exploración musical, pero cada uno conecta con alguna parte de tu ser, mueve algún sentir específico, te lleva a alguna experiencia personal. Una vez realizada esta labor, te sientes satisfecho con la curaduría musical y sólo queda esperar a la noche, esa etapa del día en la que las personas cambian sus mindset y se relajan un poco, donde los que salen al club no saben muy bien qué van a encontrar, pero tienen esperanza de que esta noche les traiga magia, lo que sea que esto implique para cada uno de ellos. Llega la noche y entras al club, te sientes en casa, el aroma del sitio te lo confirma, ese aroma tan familiar que sólo allí puedes sentir, el bajo resuena a lo lejos, como invitándote a pasar. Llegas al dancefloor y encuentras los diferentes rostros que habitan la escena nocturna, muchos de ellos desconocidos, otros despiertan algún recuerdo de fiestas pasadas, y están aquellos compañeros del dancefloor de múltiples ocasiones, tienes una cierta intimidad diferente con ellos; han viajado juntos. Luego de entrar en el mood y entender la energía del momento, tienes una idea del track con el que vas a iniciar tu set. Subes al booth y vas conectando tu USB, mientras el anterior DJ empata el último track. Percibes un ambiente diferente desde allí, las miradas están sobre ti, sientes algo de presión por no arruinar la atmósfera que cuidadosamente construyó el anterior DJ, sin embargo, confías en tu selección musical y respiras. Cargas tu primer track y lo sincronizas, en el ambiente se siente cómo la energía del anterior DJ se mezcla con la tuya, mientras tanto la gente está a la expectativa al percibir esta transformación sonora, van asimilando tanto lo que ofreces musicalmente como la energía que les transmites desde el booth. Vas entrando en ritmo y de repente el groove de tu set los golpea, te has presentado exitosamente, logras obtener su confianza y estás a cargo de llevarlos en un viaje sonoro por las siguientes dos horas. Te encuentras frente al mixer, las configuraciones están en orden, tus audífonos están en el nivel correcto de volumen, así como el sonido del booth, sólo te queda enfocarte en la selección cuidadosa de los tracks, entender hacia donde quieres llevar a estos seres que bailan entorno a ti. Los llevas a un lugar profundo… sonidos apagados que llegan desde muy lejos, los observas y notas que se encuentran en un viaje introspectivo, acto seguido, añades un kick contundente para los traerlos de vuelta y la energía de la pista se enciende, lo sientes y te inunda, pero debes permanecer enfocado, ir varios pasos adelante en la narrativa. El acto de construir el DJ set se convierte en una historia contada a diferentes niveles. Por un lado, estás relacionando música creada por artistas de diferentes épocas y contextos, haciendo que funcione la mezcla entre su esencia, pues de alguna forma tienen elementos que dialogan entre sí a pesar de ser tan distantes. Por otro lado, se encuentran tus experiencias personales, al unir dos tracks, puedes estar uniendo la memoria que te trae uno de ellos de estar en el dancefloor a las 2:46 de la mañana en 2019, en un club que ya no existe, a la ocasión en donde descubriste el otro track en el bus de camino a la universidad, pero no son sólo dos memorias, sino su representación emocional para ti, es la historia de tu vida contada a fragmentos de tinte musical. Entonces esta carga emocional es transmitida a los ravers y cada uno de ellos, desde su propia experiencia va hilando momentos mientras baila, sea consciente o inconscientemente. Miras alrededor y ves la expresión de cada persona al escuchar un sonido particular que consideras cercano a tu esencia, notas como cada quien lo recibe diferente, hay sonrisas, ceños fruncidos, ojos cerrados y rostros en reposo, pero lo importante es que el mensaje ha sido transmitido, un mensaje que no puede ser descrito racionalmente, uno que pertenece al mundo de los sentidos y las emociones… sientes esa conexión por un momento… vuelves a enfocarte y seleccionas el siguiente track. — Luis de la Peña

SOBRE LA VOZ Y EL MOVIMIENTO DANZADO

Yonna Lizzouli fotografiada por Alonso III para revista Lobotomía, 2025

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